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martes, 23 de julio de 2013

viejos amantes II

Después de tan intensa experiencia, Graciela fue al baño a recomponerse un poco, mientras el servía dos copas de vino, cuando salió, se dio cuenta de que estaban en el departamento de Mario. Ella nunca había estado en ese lugar, o en ninguna otra casa que el habitara.
Era un lugar amplio, decorado con aspecto minimalista pero confortable, y grandes suelos de marmol. Había una sala amplia de ante, color ladrillo, y el comedor donde habían derrochado su pasión consistía en una mesa redonda, de granito negro, con 6 sillas acojinadas en terciopelo rojo. Los dos ventanales mostraban una gran vista de la ciudad, y como pudo comprobar Graciela aliviada, no había forma en que miradas indiscretas asomaran por ellos. Había un corredor con 3 puertas, una era el baño, y suposo que las otras conducirían a las habitaciones, y una más cerca del comedor,  en la cual se oía el sonido de copas y que ocultaba una moderna cocina con acabados de lujo.
Marió sirvió el vino y bebió la suya con un poco de avidez, mientras Graciela lo observaba recargada en la barra sonriendo al verlo tan él despues de tanto tiempo.
LLevaron la botella y las copas a la sala, aunque no bebieron mucho más, si bien habían satisfecho la pasión bestial que los invadíó desde que se vieron, se conocían lo suficiente como para pensar que la noche hubiera terminado, sin embargo, ahora hablaban abrazados en el sofá. Mario se había quitado la camisa, y Graciela estaba acurrucada en su pecho, trazando círculos con sus dedos  y uñas, para inquietar a MArio. Poco a poco, las frases se interumpían con besos cada vez más largos y profundos, mientras las manos de mario acariciaban las piernas de Marina, sus brazos, cuello, el contorno de su escote. Ella los miraba hipnotizada, sintiendo su cuerpo cada vez más febril y su entrepierna cada vez más húmeda, se montó sobre él para facilitar las caricias, pero Mario ya no tenía prisa. La tomó del trasero y la llevó hasta la recámara, con ella besándole el cuello y acariciándole el cabello.
La depositó sobre la cama con suavidad y comenzó a besarla, desabotonando su blusa poco a poco hasta despojarla de ella. Muy lento la puso de pie mientras bajaba el cierre de su falda, la cual se deslizó al suelo sin dificultad. La miró durate unos instantes, envuelta apenas en el encaje negro, haciéndola girar mientras se deleitaba con su imagen, casi sin tocarla, siguió su tarea, desabrochó el sosten y  bajo muy lentamente, acariciándole la piel con el encaje de la tela. Luego se puso de rodillas y soltó los broches del liguero uno a uno mientras rodeaba con los dedos el borde de sus medias, y lo quitó junto con la tanga. Dejándola desnuda frente a el, salvo por las medias y los tacones.
Volvió a depositarla en la cama con suavidad, mientras Graciela sentía su sexo arder intensamente.
Él comenzó a besarla nuevamente, muy despacio, en los ojos, en el rostro, rozando apenas su boca. Sosteniéndo las manos de Graciela con una de las suyas, descendio por su cuello, mientras con su mano libre acariciaba su estómago, trazando pequeños círculos alrededor de su ombligo, causando que la respiración de Graciela se agitara notablemente, ella no luchaba por liberar sus manos, se entregaba a la excitación, saboréandola tanto como el, mientras su cuerpo se sensibilizaba cada vez más. Mientras Mario besaba con ternura su clavícula, su mano comenzó a trazar círculos más amplios, rozando apenas el inicio de sus senos. Rozó ligeramente su circunferencia con los labios, provocándo que éstos se endurecieran buscando su contacto. Por un momento, Mario pretendió ignorar su súplica, bajando por su costado sin dejar de besarla; pero después de un momento, y sin aviso, tomó entre sus labios la punta de su pezón,q ue ya estaba erguido por el placer, apretándolo dulcemente y calentándolo con su aliento.
Para Graciela esto provocó la sensación más intensa que había tenido en años, su sexo palpitaba de deseo y ella se arqueó procurando aumentar el contacto con el cuerpo de Mario, pero él tenía otros planes.
Colocó una pierna sobre las de ella, y sin soltar su mano, se entretuvo jugando con sus senos, acariciándolos con la mano disponible, mordíendolos y chupándolos a veces con dulzura a veces con más rudeza, los lamía y apretaba, provocando suspiros de Graciela, quien creyó que explotaría en ese mismo momento. Cuando sus jadeos se intensificaron, Mario se detuvo de golpe, y continuó bajando por su abdomen nuevamente con suavidad, besó su estómago, pasó la lengua por su ombligo, por su vientre, no pudo reprimir una sonrisa al verlo perfectamente arreglado. Acarició y besó sus muslos mientras Graciela estaba casi fuera de sí, pero ya no le fue posible seguir bajando sin soltarle las manos, por lo que la soltó y continuó, bajando y subiendo a través de sus piernas, besando y mordiendo el borde de las medias mientras acariciaba por detrás de su rodilla y subía hasta el comienzo de sus nalgas, poco a poco le separó las piernas, besándolas por su cara interna hasta dejar expuesta su intimidad por completo. La besó con suavidad, en el pequeño boton de su sexo, que se relucía de deseo, y ella no pudo reprimir un gemido y clavando sus uñas en los hombros de Mario, levantó el vientre suplicandole más, sin embargo, mario la tomó de los muslos y los separó aun más, inmovilizandola bajo él, con firmeza pero sin causarle daño. A la vez que jugaba con su lengua y labios a lo largo de todo su sexo, a veces dando largos lenguetazos, otras besando y mordiendo su clítoris, o introduciéndo su lengua en lo más profundo de su ser, mientras Graciela gemía y se retorcía de placer. Él sonreía divertido de verla perder el control así, de forma que su propio sexo ardía de deseo por ella y él empezaba a aflojar la presión sobre las piernas de ella. La soltó por completo, y mientras continuaba besándola, la acariciaba a lo largo de sus piernas y su vulva, ella al sentirse libre, comenzó a moverse cada vez más, mientras su respiración se agitaba y sus latidos eran casi audibles. Élla sintió su cuerpo entregarse al orgasmo, que MArio dejó fluir esta vez, adrentándose aun más en su intimidad y sientiendo el sabor de su cuerpo humédo, mientras ella se desplomaba en el colchón, temblando y jadeando. Le dio un último beso a su vientre, sonriendo satisfecho, y se tumbó a su lado en la cama.
Marina tardó un minuto en recuperar el aliento, y lo abrazó dulcemente disfrutando la relajación subsecuente al intenso orgasmo que acababa de tener, pero apenas lo hizo, decidió devolver el gesto y deslizó su mano hasta el vientre de Mario, encontrándolo totalmente dispuesto para la batalla. Desabrochó con una mano el cinturón y el pantalon, mientras con la otra lo acariciaba por encima de la ropa, y después colocandose sobre él, fue deslizándolo junto con el boxer hasta sacarselos por completo. Tomó entre sus manos el miembro de Mario, que brincó un poco ante el tibio contacto, y comenzó a acariciarlo tiernamente. Cuando acercó los labios, lo hizo con mucha suavidad, casi pareciendo un beso inocente, aunque Mario sabía perfectamente que no era así, y que su boca sensual podía llevarlo al límite en muy poco tiempo, lo cual era justo la intención de Graciela, pronto los besos castos se volvieron movimientos más rápidos y constantes, ella conocía bien sus zonas sensibles y jugaba con ellas, valiéndose de los labios, la lengua las manos, y en ocasiones los dientes. Su cara de inocencia se convertía en una mirada perversa, mientras aumentaba el ritmo de sus movimientos, con el cabello cayéndole por la cara, él se lo recogió en una coleta con las manos, para verla directamente a los ojos mientras se introducía su miembro cada vez más profundo y con más rapidez, cuando ella sentía los músculos de Mario tensarse bajo su cuerpo y sus gemidos aumentar violentamente, se detenía por completo, y volvía a empezar con el juego, lo repitió un par de veces, hasta que ella misma sintió en su entrepiena la urgencia de sentirlo dentro, y esta vez, fue ella la que se montó sobre él, introduciéndolo muy lentamente para sentir cada milímetro de su piel ser atravesado.
Comenzó con un movimiento lento y profundo, pero él la completaba a tal grado,q ue sus caderas pronto tomaron su propio ritmo, acelerandose mientras él arañaba su espalda, besándola y mordiéndola, mientras levantaba sus caderas para sentirla completamente. Cuando creyó que ya no podría aguantar más, se levantó y la apartó, dejándola suplicante pues ella también se encontraba cerca del final, pero sabía que esta vez le costaría mucho más reponerse y quizo alagar el placer lo más que pudiera. Comenzó entonces nuevamente a besarle los senos, mientras sus dedos jugueteaban con su sexo, a veces acariciando y apretando su clitoris encendido, a veces adentrándose en ella o acariciándola con suavidad hasta el coxis.
Únicamente cuando ella estuvo de nuevo al borde del climax, la volteó de espaldas sobre la cama, penetrándola de nuevo, y haciéndola estallar como pocas veces, fue tan intenso que las contracciones de Graciela no le permitieron contenerse mucho más y termino poco después, clavándole las uñas a Graciela tan fuerte, que quedaron marcadas en su carne, y se dejo caer con ella en la cama, con las piernas temblorosas como si hubieran perdido la voluntad, se quedó inmovil casi sin aliento, y ella sintió su peso y su calor, como un abrazo arrullador y se fue quedando dormida.
Despertó a los pocos minutos, al sentir el contacto de sus manos tibias, que deslizaban sus tacones y las medias que ella aún tenía, aunque ahora éstas eran un rollito a la altura de sus tobillos. Se giró en la cama para facilitarle la tarea, y el la besó con mucha ternura en los labios, justo antes de que volviera a caer dormida, esa noche no tuvo sueños extraños, pero su sonrisa permaneció mucho despues de que ella durmiera profundamente.
Al día siguiente, él le lelvó el desayuno a la cama, lo comieron y conversaron como dos grandes amigos, se bañaron e hicieron el amor en la regadera.
Miraron televisión y volvieron a hacer el amor, siempre explosivos, pero ya sin prisa.
Salieron a comer y pasearon por la plaza de la mano, como novios adolescentes; regresaron a la casa de Mario y se entregaron uno al otro una vez más.
Al rededor de las 9 de la noche, ella le pidió que la llevara a su casa.
Al llegar, se besaron mucho tiempo, abrazados en el auto. Él prometió llamarla en la semana. No lo hizo. Ella no lo esperaba. Sabía que las cosas siempre eran asó con él, y que en algún tiempo, cuando ella creyera haberlo olvidado, él la buscaría; y tal vez, si nadie más habia llegado, ella acudiría. Esa era siempre la rutina, por eso, cuando se bajó del auto, al darse la vuelta para verle, y sabiendo ya que sería la última vez en largo tiempo, regresó un momento más, le dio un último beso por la ventanilla, y le dedicó una última sonrisa, mientras subía las escaleras a su casa, como una colegiala enamorada.

Autor: Sakura

3 comentarios:

  1. aiiii me encanto la historia... salvo el final!!

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  2. aiiii me encanto la historia... salvo el final!!

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  3. Gracias! el final es triste, pero así terminan siempre los grandes romances no?

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